Resiliencia desde una cama de hospital
ANDACOLLO- NEUQUEN Resiliencia desde una cama de hospital: Daniela con la fuerza de esperar y de transformar el dolor en ayuda
Daniela Merino, una joven de Andacollo que aguarda un trasplante y sueña con acompañar a otros pacientes
A sus 24 años, Daniela Merino, oriunda de Andacollo, atraviesa una de las etapas más difíciles de su vida. Diagnosticada en 2023 con hepatitis autoinmune, hoy permanece internada y en lista de espera nacional para un trasplante de hígado, una intervención urgente que podría cambiarle el rumbo a su historia.
Sin embargo, lejos de quedarse solo en la espera, Daniela eligió convertir la incertidumbre en resiliencia y proyectar un futuro en el que su experiencia pueda servir para ayudar a otras personas que atraviesan el mismo camino.
Una descompensación que obligó a un nuevo traslado

En los últimos días, Daniela sufrió una fuerte descompensación que agravó su estado de salud, lo que obligó a su traslado a una clinica privada de Neuquen Capital para recibir controles más estrictos y tratamientos médicos intensivos.
Este cambio repentino significó también un gran esfuerzo económico para su familia, que debió reorganizarse para acompañarla, afrontar gastos de alojamiento, comida, medicamentos y traslados, en un contexto ya complejo.
En sus redes sociales, Daniela expresó con sinceridad la preocupación por la falta de recursos, una realidad que comparten muchas familias que deben abandonar sus hogares para sostener tratamientos prolongados lejos de su lugar de origen.
Daniela describe su rutina con una mezcla de realismo y esperanza. “Hay días buenos y días malos”, cuenta. Días en los que puede recibir llamados, mensajes y sonrisas, y otros en los que permanece 24 horas dentro de una habitación, sin siquiera poder salir al pasillo.
Cada viernes su situación es evaluada médicamente a través de un sistema de puntajes que determina la prioridad en la lista de espera. “Es duro, porque sentís que competís con otra persona que también está esperando”, explica, sin perder la fe en que el trasplante llegará.
El abrazo invisible de la comunidad
Uno de los pilares que sostiene a Daniela es el acompañamiento humano. Vecinos, amigos, personas que no la conocían y familias que viven situaciones similares se transformaron en una red de apoyo constante.
“Hay gente que te acompaña psicológica, emocional y económicamente. Personas que te llaman, que te preguntan cómo estás, que te ayudan con un turno o simplemente te sacan una sonrisa”, relata.
Incluso en el lugar donde hoy se aloja, encontró solidaridad en gestos simples: vecinos atentos, palabras de aliento y una presencia que hace que la soledad pese un poco menos.
Un proyecto que nace desde la espera
Mientras aguarda el trasplante, Daniela decidió dar un paso más. Comenzó a crear un espacio en redes sociales para contar, desde su propia voz, qué significa estar del otro lado de la donación de órganos.
“No es lo mismo hablar de donar que esperar. Yo quiero contar lo que se siente estar acá, lo que nadie te explica”, afirmó.
Su objetivo es claro: acompañar, informar y contener a otras personas que estén transitando la espera de un trasplante, brindar herramientas, responder preguntas y generar conciencia sobre la importancia de la donación de órganos.
Educar para salvar vidas
Daniela reconoce que antes de enfermarse sabía muy poco sobre la donación de órganos. “Recién cuando me pasó entendí de qué se trata todo esto”, explicó. Por eso, sueña con que, una vez recuperada, pueda llevar este mensaje a escuelas y espacios comunitarios.
“Si tengo la posibilidad, me gustaría ir a una escuela, aunque sea a dar una charla pequeña. Informar, enseñar, generar conciencia”, señaló.
Incluso proyecta estudiar enfermería en el futuro, con la intención de seguir ligada al acompañamiento de personas que atraviesan procesos de trasplante.
Un sueño que va más allá del trasplante

El mayor anhelo de Daniela es que llegue ese llamado tan esperado. “Mi sueño es que llegue el trasplante, demostrar que sí se puede, que pude”, dice con firmeza.
Sabe que después vendrá otra etapa, una vida distinta, con cuidados y nuevos desafíos, pero también con la posibilidad de transformar su historia en un mensaje de esperanza.
Mientras tanto, desde una habitación de hospital, Daniela sigue peleando, esperando y soñando. No solo por ella, sino también por todos aquellos que, como ella, aprenden cada día a ser fuertes en la espera.